No puedo seguir cruzado de brazos. Hay que acabar con esta pasividad que suele invadirme y volver a pasar a la acción. Desde el sillón del salón no voy a conseguir conquistar ni dominar nada. Así que he decidido retomar las acciones porque desde las primeras que realicé no he vuelto ha llevar a cabo ninguna, y por mucho que reflexione no voy a conseguir nada. La guerra no se gana filosofando, se gana en las barricadas.
Para empezar haré algo muy sutil que probablemente pasará desapercibido. Esta noche me pondré el despertador a las cuatro de la mañana y abriré la guía telefónica por cualquier hoja. Marcaré el primer número en el que se pare mi vista. Insistiré hasta que alguien descuelgue el auricular y entonces le propondré unirse a mi causa. He decidido tragarme un poco de mi orgullo y pedir ayuda a más gente porque yo solo será imposible que me haga con la dominación del mundo. Soy consciente de que en un futuro, cuando mi objetivo sea alcanzado se desencadenará una lucha interna para intentar acabar conmigo y alzarse ellos con el poder. Pero entonces no lo permitiré. Por ahora intentaré conseguir cómplices.