viernes, 4 de septiembre de 2009

Telefonazo

Por un lado me enorgullezco del escaso éxito y la ínfima repercusión de este blog. El que nadie tenga la más remota idea de mis ansias de conquistar el mundo me da una ventaja considerable. Al fin y al cabo yo solito, sin intentar ocultarlo, he decidido relatar mis acciones. Esto en principio podría debilitarme, pero no ha sido así. Gracias a que la red es un conglomerado enorme de blogs a los que nadie hace caso puedes desahogarte sin que nadie se entere. Qué gran invento esto de las tres uves dobles (www).

Fuera de eso, el mundo no para de acrecentar mi odio. Hoy ha sido un día especialmente irritante. El teléfono no ha parado de sonar. Esto en un principio sería bueno. Pero no. Todas las llamadas (excepto dos o tres) tenían como punto en común que aparecía en la pantalla del teléfono privado. Odio cada vez que esto ocurre. Alguien desde el otro lado pretende venderte algo, pretende convencerte de algo o lo que es mucho peor, te comunican que eres el ganador de algún concurso del que no tenías noticia alguna de su existencia. Un horror. Para más inri, un par de llamadas se han producido mientras dormía la siesta después de comer. Y me han despertado. Y en ese momento me han entrado ganas de dejarme de tonterías y pasar a la acción de verdad.
Pero uno no puede o no debe precipitarse. Todo llegará en su justo tiempo. Cuando se cumplan mis planes y sea YO quien esté al frente del Mundo se joderán ellos. No pararé de llamarles a sus casas y a horas en las que sé que les molestará. Entonces se joderán ellos. Pero hasta que eso pase, creo que me seguiré jodiendo yo. No importa. Algún día todo cambiará.

Postdata:
No lo he dicho antes pero de vez en cuando llaman a mi casa pidiendo cita para la cárcel. Investigando resulta que mi teléfono se parece al número de la cárcel. Manda cojones.

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